Chicos! En verdad los hemos extrañado en todo este tiempo, finalmente hemos terminado nuestro semestre universitario así que a partir de esta semana estaremos retomando cada uno nuestra labor en D'Kultura Estaré haciendo algo un poco diferente para este blog durante algún tiempo, encontré un hermoso libro que contiene los Cuentos y Tradiciones orales del Ecuador que me gustaría compartir con ustedes para que a su vez lo hagan con sus niños y de esta manera no se pierda la tradición oral de nuestro hermoso Ecuador.
El primer cuento q publicaremos se titula "El Tsáchila que se convirtió en Sol", y proviene de la Provincia de Pichincha.
De enormes fauces, de ojos como rayos, con garras poderosísimas y un pelaje reluciente. Así dicen que era el Tigre de la Oscuridad y que un día que andaba furioso y hambriento se tragó de un solo bocado al sol. ¿Se imaginan al mundo sin sol? Difícil, pero así fue que sucedió en tiempos antiguos. El mundo quedó en tinieblas, en total oscuridad, como cuando uno cierra los ojos con mucha fuerza.
Los Tsáchilas que tenían sus casas en Santo Domingo, vivían así, en esa interminable noche y no hallaban qué hacer. Se tropezaban constantemente unos con otros y se la pasaban golpeados y adoloridos, así que prefirieron encerrarse en sus casas y no salir. No había cómo sembrar ni cazar y la comida se escaseaba. Más de una ocasión se escuchaban los gritos desesperados de los que eran atrapados por las fieras de la selva que se escondían entre las sombras.
La luna confundida por la ausencia del sol, tampoco salía y eso era aún más grave porque ya no había cómo enamorarse con su luz. Los pájaros morían sin el amanecer y los ríos empezaron a secarse porque confundida la lluvia sin la guía de los astros celestes, tampoco caía.
Angustiados los Tsáchilas decidieron hacer su propia luz e intentaron encender ramas y alumbrarse con su fuego, pero fue inutil. El copal ya no prendía y el palo de camacho sólo se encendía en manos de los ancianos que todavía guardaban las buenas costumbres. Pero ellos, los más débiles, pronto morían. Mientras tanto el Tigre de la Oscuridad con sus fauces bien abiertas se acercaba cada vez más a los atemorizados Tsáchilas. Sus pasos ya se escuchaban muy cerca de las casas.
Viendo tanto desastre a los sabios ancianos se les ocurrió crear su propio sol. Los Chamanes se reunieron y pensaron que esto se podía lograr convirtiendo a un joven Tsáchila en el poderoso astro.
El ayahuasca estaba lista, la mesa con sus piedras y la tarima para el rito ceremonial, también. El joven chamán, hijo de madre soltera, escogido para tan importante misión, estaba listo. Lo habían cubierto con hermosas vestiduras de algodón y una imponente corona dorada, sobre sus muñecas y tobillos relucían joyas de oro puro. Los demás chamanes continuaban cantando y bebiendo la ayahuasca. El joven que fue convidado con la chicha ceremonial empezó a llorar lágrimas luminosas; su rostro fue cubriéndose lentamente de una liz acuosa mientras se elevaba hacia el camino del sol que era todo de plata. Allí una hermosa mula construida hasta sus riendas y montura animal empezó a ascender hasta que lo perdieron de vista.
Al día siguiente, al despertar todos esperaban la ansiada luz, pero lo que vieron fue un día nublado, con algo de claridad, pero aún sin sol. Así pasaron tres días tristes y sombríos. Al cuarto día su sorpresa fue total, apenas si podían abrir los ojos, una luz incandescente los quemaba y era casi imposible de aguantar. Ahí estaba el sol de nuevo, reinando en lo más alto, alcanzando con sus rayos a cada uno de los Tsáchilas. Hermoso en todo su esplendor, ahí estaba de nuevo, pero no lograban soportarlo. Recordaron entonces, los ancianos, que el joven que se convirtió en sol tenía dos ojos y que seguramente estaba alumbrando con los dos. Sería necesario que alumbrara sólo con uno. Así que lanzando una gran piedra hacia el cielo lograron su objetivo y pudieron por fin volver a disfrutar de las bondades del rey sol que ahora anda con un solo ojo.
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| Las perdices |
Dicen que en el cielo están colocados doce trampas para atrapar perdices y que en la última, en la duodécima, en la que los chamanes llaman la Curva del Sol, está sentado el Tigre de la Oscuridad con sus enormes fauces abiertas, esperando comerse al joven tsáchila si éste al pasar no le entrega sus perdices. Por eso el sol pasa rápido por ahí, lanza las perdices y sigue su camino. Pero cuentan que a veces el sol pasa por la primera trampa y no encuentran nada, llega a la segunda y tercera y en esas tampoco ha caído una perdiz. Cuando llega a la cuarta, quinta o sexta y no encuentran nada empieza a preocuparse. Le queda sólo la mitad de camino para encontrar perdices y si no el Tigre de la Oscuridad se lo tragará sin compasión dejando otra vez al mundo en tinieblas. Recorre la séptima, octava y novena y tampoco encuentra las presas que necesita. Pasa por la diez y la once y nada. Sólo queda una trampa por revisar, la que es su última esperanza y entonces angustiado el nuevo sol tsáchila empieza a llorar.
Entre los Tsáchilas cuando llovizna cerca de las doce, se dice que el sol está llorando y que seguramente no ha encontrado perdices en las trampas y que teme morir entre los colmillos del Tigre de la Oscuridad. Dicen que hasta ahora el sol siempre ha logrado encontrar una perdiz aunque sea en la última trampa, justo antes de empezar a descender para que poco a poco la luna pueda salir y después iniciar su recorrido otra vez.
Adaptado de: El Tsáchila que se convirtió en sol, basado en Calasacón
Recogido por Ruth Moya en:
El recuerdo de los abuelos: literatura oral aborigen
Quito-Ecuador 1993


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