Esta Leyenda proviene de la Provincia de los Ríos, esperamos les guste:
Tienen una
cabellera larga, muy larga, unos ojos que encantan y unos labios que provocan,
sus pechos son como un valle con dos lomas empinadas y firmes, y más que brazos
lo que sale de sus troncos parecen dos sedas suavísimas que las mueve el
viento. La cintura, !ay!, la cintura de estas mujeres, fue hecha especialmente
para que en la mitad se pose un ombligo que bien puede ser el centro del
universe. !Ay!, pero de ahí para abajo lo que tienen son unas brillantes,
tornasoladas, húmedas y firmes… escamas. Estas mujeres en lugar de piernas
tienen una cola de pez. Viven en el mar “dizque, pa’ encantar a los barqueros
con sus hermosas canciones”.
Pero la de este
cuento no tenía cola ni vivía en el mar. A ésta la veían siempre en el esterito,
abajo del cerro Cacharí en el camino hacia Bodegas. ¿Que cómo un lugar puede
llamarse así? Fácil, hace muchos años a Santa Rita de Babahoyo, todos la
conocían como Bodegas, porque ahí quedaban los almacenes donde los comerciantes
podían guarder sus productos mientras descansaban del viaje hacia la Sierra o
la Costa.
Cuentan que una
vez venía por el caminito del estero un vendedor de papas y cebollas con su
cargamento en un borrico que jadeante, bajaba desde un pequeño pueblo de la
Sierra. Cansados los dos, lo único que querían era llegar a Bodegas para
reposar los huesos y luego, más frescos, ofrecer su product para que sea
llevado al Puerto de Guayaquil donde se vendería o partiría hacia otros
destinos. Metido en el pensamiento de cuánto iba a ganar en este viaje, no se
había dado cuenta de que andaba medio perdido. Alzó la Mirada y descubrió que a
su derecha estaba el cerro Cacharí; eso lo calmó, Bodega ya estaba cerca.
Decidió darse un respire y dejar que el borrico tome agua en el estero. Cuando
se disponía a descansar se dio cuenta de que algo se movie en el agua, como si
ésta se estremeciera desde el fondo. En la mitad del estero se apareció de
pronto una Hermosa dama que completamente desnuda se bañaba en él. Con un
matecito de oro recogía agua y mojaba su cabellera para luego cepillarla con un
peine de plata. La visión lo sorprendió, debió estar muy cansado para no darse
cuenta antes de la presencia de aquella bella mujer bajo el agua. Su pelo era
tan negro y largo que parecía un manto hermoso como la noche. Sus ojos tenían
algo de felinos y tristes, su piel morena recordaba la Hermosa caoba. El agua
la cubría un poco más abajo de su ombligo profundo y misterioso. Ella fijó su
Mirada en el comerciante y le habló con voz suave pero firme:
- - Te doy a escoger entre el mate de oro, el peine de
plata o mi corazón. De lo que escojas dependerá tu suerte.
- - Pues, el mate de oro, dijo con una Mirada llena de
ambición. Con eso tendré dinero rápido y fácil sin necesidad de seguir por
estos duros caminos.
De inmediato
bajo sus pies sintió cómo la tierra se estremecía. El cerro Cacharí se abrió en
dos, formando una zanja por donde el comerciante fue tragado sin compassion.
Aquella entraña hecha de rocas, oscura y tenebrosa se lo llevó sin dejar
rastro. Sólo un grito desesperado se perdió en medio de esas dos masas de
tierra y roca que lucían totalmente indiferentes a los ayes de aquel hombre.
El tiempo pasó y
nadie preguntó más por el desaparecido don.. !bah! ya nadie se acordaba
siquiera de su nombre.
Narran que otra
vez por el caminito del estero venía un agricultor, costeño hasta las patas,
que por cierto las traía bien polvorientas de tanto recorrer esos caminos
sembrados de palos de mango, fruta e’ pan y guayabas, matas de verde y sembríos
de arroz. Él se creía un sobrado porque ceuntan que una vez venció una anima en
pena que se le apareció en el matapalo más añoso que había entre Pueblo Viejo y
Bodegas, camino bien jodido ese. Pa’ vencer una aparición del demonio, dicen
las Viejas, hay que rezarles el credo al revés y a veces hasta insultarlo. Con
las cinchas bien apretadas, iba el montubio sobre su caballo, silbando un
valsecito y luego un corridor cuyo tarará marcaba con las espuelas sobre la
panza del animal. Bodegas había quedado atrás, la noche ahí había sido Buena.
Bordeando el estero que ese invierno había dejado bien crecido, el caballo
empezó a inquietarse, corcoveaba y relinchaba como si algo lo asustara.
El montubio
decidió bajarse: a él con machete en mano nada lo asustaba. Pero lo que vio
saliendo de entres las aguas no fue na’ de susto ni espanto. Era una Hermosa
dama que completamente desnuda se bañaba en él. Con un matecito de oro recogía
agua y mojaba su cabellera para luego cepillarla con un peine de plata. Su pelo
era tan negro y largo que parecía un manto hermoso como la noche. Sus ojos
tenían algo de felinos y tristes, su piel morena recordaba la Hermosa caoba. El
agua la cubría un poco más abajo de su ombligo profundo y misterioso. Ella fijó
su mirada en el agricultor y le habló con voz suave pero firme:
- - Te doy a escoger entre el mate de oro, el peine de
plata o mi corazón. De lo que escojas dependerá tu suerte.
- - Pues, el peine de plata, dijo con una algricultor,
pensando que con él podría conquistar corazones de mujeres coquetas que quieran
peinar sus cabellos
Las aguas de
aquel esterito de apariencia inofensiva tomaron una fuerza inusitada y llegando
a los pies del hombre lo fueron envolviendo y arrastrando hasta que desapareció
en un remolino entre gritos y aullidos inentendibles. El caballo relinchando se
alejó del lugar a todo galope.
De aquel
montubio dicharachero no se supo más.
Del que sí se
sabía mucho en la zona era de un joven pescador que solía lanzar su red de
piola en aquel estero, montado en su canoa de guachapelí. Una tarde cuando el
sol estaba a punto de ocultarse un raro temblor invadió las aguas y lo
obligaron a vadear un poco su embarcación. La maniobra lo distrajo, pero cuando
subió la Mirada descubrió algo que poco antes no estaba ahí. No se preguntó de
dónde había salido, solo clavó bien la palanca y se perdió en los ojos de
aquella mujer que lo miraba fijamente y que con voz suave pero firme, le dijo:
- - Te doy a escoger entre el mate de oro, el peine de
plata o mi corazón. De lo que escojas dependerá tu suerte.
- - Pues, tu corazón. Las riquezas se acaban, pero el
amor de una mujer es para siempre.
-
Bien, entonces me iré contigo. Mañana, al amanecer,
deberás pasar por mí, por este mismo lugar. Pero solo iré con una condición:
cuando estemos partiendo, escucharás voces y gritos desesperados pidiendo
ayuda; promote que por nada del mundo mirarás atrás. No importa lo que
escuches, por nada del mundo mires atrás.
Como cualquier
enamorado, el muchacho dijo que sí a todo sin pensarlo mucho, sin preguntar por
qué, sin siquiera saber su nombre y ansioso se fue a su casa a esperar el
amanecer.
Tal como lo
anunciara la Hermosa y misteriosa dama, cuando la canoa empezó a avanzar con
los enamorados en ella, enos gritos surgieron no se sabe de dónde, era difícil
precisar el orígen pero se escuchaban con tal claridad. Ayes latimeros y
súplicas de auxilio llegaban a los oídos del noble pescador que no pudo complir
su promesa y miró hacia atrás, movido por la curiosidad y la angustia. En ese
instante el Cacharí vomitó rocas y piedras que rodaron hasta el agua que
arremolinada se tragó la nave con sus indefensos tripulantes. Sólo una roca
quedó en la orilla, una con forma de corazón. Cuentan los viejos que es el
corazón de la Dama Encantada de Santa Rita de Babahoyo, que descansa ahí,
endurecido para siempre por una promesa de amor sin cumplir.
Basada en:
Adaptación Literaria de Miguel Donoso Pareja de la Leyenda
“La Dama Encantada”
de la Provincia de los Ríos, Edición del Sol, Fundación Hallo, Quito-Ecuador,
1992